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8 de Diciembre de 2015

El psicólogo y el símptoma

 

Una de las principales funciones del psicoterapeuta es descubrir cuál es la función que el síntoma tiene a la vida del paciente, y ¿por qué es tan importante para un psicólogo saber qué hace allí el síntoma, qué función tiene, por qué le hace falta, al paciente, aquel síntoma? Manos a la obra.

En general, no hay que hablar específicamente de salud mental, pensemos en cualquier tipo de salud: económica, fisiológica, global… Un síntoma es un aviso, una señal, de que algo no va bien. Si pensamos en un constipado, los síntomas son, por ejemplo: dolor articular, fiebre, escalofríos, estornudos, etc. Cojamos uno cualquiera, la fiebre por ejemplo, ¿qué función tiene, para qué  nos sirve? Aun siendo muy desagradable y hacer que nos encontremos fatal, nos avisa de que algo no va bien, que algo se ha colado a nuestro organismo y nos está dañando. ¿Y por qué nos va bien la fiebre? Pues porque los virus y las bacterias viven dentro de nuestro organismo si nuestra temperatura corporal es de 37°, si la temperatura sube a 38-39°, se mueren. Ya tenemos el beneficio, función descubierta! Los estornudos: son incómodos, mucho, pero sirven para expulsar del cuerpo los virus o bacterias que han quedados enganchados en las mucosidades que fabricamos, dejándolos allí encapsulados y asfixiados. Ya hemos encontrado en que nos beneficia.

Y por si os preguntáis qué tiene todo esto que ver con la salud mental,  os diré que el síntoma también tiene una función para la persona que lo sufre, y a pesar de que puede parecer imposible, también le aporta algo bueno. Quizás la ayuda en cierto modo a vivir, quizás compensa alguna falta o escasez de recursos, y precisamente saber esa función que tiene, o esa función que le ha dado la persona, nos podrá ayudar a guiar a la persona que ella misma pueda desarrollar esta tarea, esa función ella sola, sin tener que apoyarse en una muleta, en esa ayuda que le ofrece el síntoma pero que es una ayuda envenenada, porque no hace más que recordarle que ella sola no puede, que si no fuera por el síntoma, ella sola no podría, que si no fuera por el síntoma, él no lo conseguiría solo.

Una posible analogía para la función del síntoma sería verlo como un vector  de comunicación. Hay algo que la persona no es capaz de verbalizar y su manera de decirle al mundo que no se seinte bien, que algo no le parece bien, que no está bien, es dejando al síntoma que hable por ella. Le roba la voz, y a veces, dependiendo de la patología, el cuerpo o incluso la vida. No hay nada que le vaya mejor al síntoma que conseguir que la persona disocie el cuerpo de la mente, porque si la mente (que no el cerebro) de la persona se aliena del cuerpo, este síntoma se puede apoderar de este cuerpo que vaga sin criterio, sin voluntad, y vivir su vida, como él quiere (el síntoma, está claro).

Otra cosa que nos ayuda a saber qué hace allí aquel síntoma, es ver qué agujero ha venido a tapar, a rellenar, porque un síntoma se apropia del cuerpo o de partes del cuerpo de una persona si hay agujeros. Volvemos al ejemplo del virus que nos provoca un constipado. Un virus o una bacteria, se aprovecha de que estamos bajos de defensas para atacarnos e instalarse en nuestro cuerpo, porque hay carencia de células que nos defienden por nuestro torrente sanguíneo, o lo que es el mismo, hay “agujeros”. Del mismo modo se aprovecha el síntoma. Si a nuestra persona le faltan por ejemplo: habilidades sociales, capacidades de comunicación asertiva, autoestima, criterio, voluntad, y un largo etc. estos agujeros son los que ocupará el síntoma.

Muchas veces, cuando nos encontramos en horas bajas, un síntoma se nos instala en casa, como un okupa. De repente, no sabemos cómo, pero nos han cambiado la cerradura, las llaves que usábamos para entrar y salir de casa ya no sirven, ya no somos nuestros amos porque hay otro (el síntoma) que lleva el timón de nuestra vida, y la sensación de pérdida de control es la que trae a la persona a buscar ayuda psicológica, a veces teniendo muy claro cuál es este okupa que se le ha instalado en casa (síntomas muy aparatosos, que son muy ruidosos, que es muy evidente que se han instalado, como pueden ser los síntomas de la bulimia o de un trastorno obsesivo compulsivo) pero otros mucho más discretos y sigilosos (cómo en patologías como la depresión o el duelo patológico).

Sea como fuere, será tarea del psicólogo clínico ponerse la gabardina, sacar la lupa y ponerse a buscar pruebas, indicios, detalles, etc. que desenmascaren la función del síntoma y lo echen de un cuerpo y una vida que no le pertenece.

Un fuerte abrazo,

Rebeca

27 de Octubre de 2015

Dependencia emocional:

libertad coartada

 

Depender: según la RAE http://dle.rae.es/?id=CEn49xS|CEoMSBg&o=h significa:

  1. Estar subordinado a una autoridad

  2. Producirse o estar causado o condicionado por alguien o algo

  3. Estar o quedar en arbitrio de otra voluntad

Si cogemos estas definiciones y las encajamos en el estado psicológico conocido como dependencia emocional, creo que será fácil ver cómo nos afecta este estado, es decir, cómo somos, cómo funcionamos, cómo nos comunicamos, bajo la condición de dependencia:

1. Estar bajo la administración o la autoridad de alguien: a mi relación de pareja, el otro (ese alguien) me administren el tiempo, el dinero, el grado de libertad, las palabras, los gestos, las actitudes … es decir, mi conducta, mis decisiones, en conclusión, mi vida, no la gobierno yo. Si mi vida la gobierna y administra otro que no soy yo, perderé libertad.

 2. Estar, una persona, condicionada por otra: haré o no haré algo, mantendré o no una conducta, decidiré o no algo, bajo la condición (espada de Damocles) de que a otra persona le parezca bien o mal. Si la relación me condiciona, perderé libertad.

3. Una persona depende de otra cuando está bajo su arbitrio: otra persona hace de árbitro de mi vida, lleva las riendas de mi vida, conduce mi timón, elige las rutas, los caminos para mí, en definitiva, vivo mi vida, y yo sólo soy un espectador.

¿Y qué tiene que ver lo  emocional?  pues porque nuestro estado de ánimo, nuestro carácter, reír o llorar, estar contentos o tristes, sentirnos bien o mal, es decir, aquello que tiene que ver con nuestro «estar» depende totalmente de otra persona.

En los tres puntos que hemos extraído y adaptado del diccionario, alguien  hace que emocionalmente nos desequilibramos, porque no poder vivir tu vida como quieres hacerlo, no poder decidir cuando sabes lo que quieres y lo que no, no poder hacer el camino que sabemos y queremos hacer … acarrea frustración, crisis de identidad y sufrimiento, porque perdemos libertad: quiero pero no puedo, y no puedo porque el otro me quiere así, de este modo, que yo no comparto y no entiendo, pero que no soy capaz de rechazar .

¿Y como lo superamos? como dejo de ser un títere?, ¿cómo puedo ser autónoma con las parejas, tal y como, quizás, lo soy en el trabajo, con las mis amigos y familia?

En terapia nos centraremos en entender cómo hemos llegado a esta situación, cuándo he perdido la voluntad, cuándo he dejado de creer en el amor saludable y placentero y he pasado a llevar una ropa que me aprieta tanto que no puedo ni respirar.

Un fuerte abrazo,

Rebeca

27 de Agosto de 2014

ENTREVISTA A SIQUIA: PSICÓLOGOS ONLINE

 

Puedes recuperar la entrevista entera aquí.

27 de Enero de 2017

¿Qué relación existe entre inteligencia emocional y empatía? Por la Dra. Juani Mesa Expósito, compañera del grupo de trabajo de IE del COPC

Puedes leer el artículo del web Psiara aquí.

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